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Archive for 23 diciembre 2009

Hemos sido testigos recientemente de suficientes y sonados casos que muestran cómo en la gestión los experimentos suelen llevar a magníficos fracasos.

Como ejemplos baste mencionar la burbuja puntocom o más recientemente la burbuja inmobiliaria y, a nivel micro, las sonadas quiebras de Lehman Brothers o Enron por citar solamente aquellas que probablemente más tinta impresa han consumido.

Supongo que todo el mundo puede estar de acuerdo en que, aparte de la repercusión económica de estos hechos, su imaginativa gestión ha supuesto la desgracia personal de muchos.

Intentando buscar un común denominador creo que su origen estuvo en desarrollar una gestión que poco tenía que ver con el objetivo primario de la organización y mucho con la introducción de modelos innovadores de gestión tendentes a conseguir beneficios derivados de actividades colaterales.

Simplificando mucho, los puntocom cayeron cuando los inversores se hartaron de comprar número de visitas a una página sin ver un solo euro de beneficio. La supuesta escalada imparable de precios de los inmuebles se paró en seco y cayó en picado tan pronto como el mercado se dio cuenta de que se estaba construyendo para inquilinos que no existían.

La caída de Lehman Brothers se debe probablemente a que olvidó que su papel no era atesorar hipotecas basura en la esperanza de que el mercado siempre subiría, sino en monetizar su inversión. El caso de Enron Corporation es más sintomático, durante seis años consecutivos la revista Fortune catalogó a la compañía como la más innovadora de EEUU y no puedo estar más de acuerdo ya que sus prácticas contables fueron, desde luego, tan innovadoras que permitieron producir cuentas de resultados muy saneadas basadas en aire.

Tal vez sería conveniente repensar cómo deberían ser gestionadas las organizaciones (públicas o privadas) y, dejando experimentos aparte, concentrarse en esas viejas virtudes de la gestión: determinación, disciplina, conservar la calma ante crisis y  tomar decisiones solamente después de haber valorado todas las evidencias relevantes disponibles (Collins dixit).

Así, tal vez, todos podamos ser más felices.

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En la película South Park, la canción Blame Canada refleja cómo los padres culpan a los canadienses por el comportamiento de sus hijos tras haber visto una película de esa nacionalidad.

Su gestión de la crisis creada por el comportamiento de los niños es muy similar al ocurrido recientemente en España ante imprevistos que han degenerado en crisis nacionales.

Los padres no consideran que tal vez ellos tengan alguna responsabilidad y deban evitar que sus hijos vean películas no dirigidas a ellos. Tal vez los padres no dotaron a sus hijos con herramientas intelectuales suficientes que les permita distinguir la ficción de la realidad. A lo mejor los hijos pueden resistir la persecución de la satisfacción inmediata parándose a pensar unos minutos en las consecuencias de sus acciones.

El resultado de todo ello es que ante la crisis creada la solución se encuentra en Blame Canada, es decir busca implacablemente un culpable en lugar de buscar las causas reales de la crisis. Ello puede dejar satisfechos a muchos pero, evidentemente, deja abierta la recurrencia de la crisis.

De manera similar hemos asistido a cómo, en el caso del barco Alacrana secuestrado en las costas de Somalia durante 47 días, tanto los familiares, como los pescadores, los periódicos, los partidos en el gobierno y en la oposición y el Gobierno mismo han hecho un esfuerzo digno de mejor causa para encontrar un culpable que no fuera ellos mismos.

Y es que desde la inocencia del que se puede permitir el lujo de ver estas cosas desde fuera me pregunto ¿porqué hay barcos europeos pescando en las costas de Somalia? y ¿porqué hay piratas en Somalia?

Creo que una gestión efectiva de la crisis pasa por conocer qué origina que en un punto determinado del planeta confluyan en el tiempo dos hechos: 1) que el beneficio generado por la captura de atún en esas costas supere los riesgos que asumen los que van a esos mares y 2) que el beneficio generado por la piratería sea superior al generado por empleos alternativos.

Poner vigilantes de seguridad en los barcos no lo veo como una solución y crea una falsa seguridad. Me pregunto cuánto tardarán los piratas en dotarse de medios de guerra más poderosos para contrarrestar los de los vigilantes.

De manera muy parecida se está gestionando la crisis de Haidar.

Yo me atrevería a pensar que el problema está tal vez en que el gobierno español de la época hizo dejación de sus responsabilidades y cedió a Marruecos un territorio que administraba bajo mandato de la ONU y, complementariamente, el gobierno marroquí actual está decidido a incorporar el territorio sin tener en cuenta las resoluciones de la ONU ni preguntar a la población autóctona.

Como parece ser que el problema es la entrada de Haidar en España sin documentación, la solución diseñada es forzar al gobierno de Marruecos a readmitirla en el territorio. Y me atrevo a preguntar ¿cuánto tiempo pasará antes de que haya otra Haidar?

Se están gestionando estas crisis siguiendo lo que dicen las últimas dos líneas de la canción:

We must blame them and cause a fuss

Before somebody thinks of blaming us!

(Tenemos que echarles la culpa y montar un escándalo

Antes de que alguien piense en echarnos la culpa)

La gestión eficaz de una crisis pasa por identificar los problemas e intentar su solución, no en la búsqueda implacable de culpables. La segunda opción ocasiona que las crisis sean recurrentes. La historia, lamentablemente, me da la razón: el Alacrana  no es el primer barco secuestrado ni el caso Haidar es el primer desencuentro España – Marruecos.

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