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Archive for 21 diciembre 2010

In one respect, underdeveloped countries are well ahead of developed ones. This is in the use of the simplest of ICT devices for enhancing people’s access to healthcare: the traditional mobile phone.

ICT developers are forcing developed societies into using the latest technology; maybe those with bigger benefits by any chance?. This could be the reason why telephone developers are trying to introduce, and very successfully, I have to say, sophisticated devices that, by the way, can even be used to call your friends and relatives! But, it is a fact that traditional mobile phones are cheap to produce and easy to use.

And there are plenty of examples, from India to Kenya, of very basic applications that are used to save lives. Yes, of course there are thousands of applications for – guess what? – the IPhone, smartphones running Android, or the Blackberry. But there are very few applications for the kind of device that a person in his or her 70’s will feel comfortable using.

And, isn’t the ageing of our societies the big problem that drains almost all of our Governments energies and resources? Isn’t the cost of taking care of those growing numbers of citizens the cause of the disintegration of the socio-health system as we know it? Why then not imitate India, Kenya and others and use simple cheap solutions for simple problems instead of the most expensive alternatives?

I certainly wouldn’t like to think that it is because industry as opposed to civil society, is the one calling the shots.  Or maybe it is?

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Leo en el EIU un artículo sobre como un jefe debe proteger a sus empleados de interferencias internas y externas. El artículo está basado en el libro Good Boss, Bad Boss de Robert I, Sutton.

Durante los veinte años que llevo dedicados a asesorar a organizaciones en sistemas de gestión y en los años previos en puestos de responsabilidad con personas a mi cargo, las he visto de todos los colores.

Recuerdo cómo defendí en más de una ocasión a mis subordinados a pesar de que sabía que habían cometido errores que afectaban a la eficacia del departamento del que yo era responsable.

También he visto en más ocasiones de las que la estadística diría que es normal, cómo personas en puestos de responsabilidad se escabullen de la misma traspasando la culpa a sus subordinados.

Con la perspectiva que da la experiencia creo, y en ello coincido con Sutton, que ninguna de las dos opciones lleva a una gestión eficaz ni eficiente.

Un profesional en un puesto de responsabilidad es, ante todo, responsable del resultado de su organización. Es en función de alcanzar este objetivo de donde surge la obligación de proteger a sus empleados, pero la protección de estos no se puede anteponer a la de la organización. He aquí porqué no todo el mundo puede ser jefe: tan malo es para la organización que el jefe sea odiado como que sea considerado un “buenazo”.

El difícil equilibrio entre la protección y la sobreprotección no es privativo del mundo del trabajo, lo encontramos igualmente en la vida familiar y, lamento llegar a la conclusión de que, de la misma forma que el resultado de la falta de equilibrio en el entorno familiar lleva a al fracaso afectivo, en el entorno empresarial lleva al fracaso de la organización.

Una cosa es diferente, es más fácil cambiar al jefe que al cabeza de familia.

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